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viernes, 29 de noviembre de 2013

Acerca del Maestro y su Discípulo



NUEVE 

Discípulo: “Maestro, en la lección de hoy sobre el perdón nos hablaste de la necesidad de perdonar aquello que nos haya lastimado. Pero, ¿se puede olvidar el dolor?”

El Maestro miró a su discípulo por un momento y luego contestó: “¿Puedes recordar todo aquello que te ha lastimado a lo largo de tu vida?, ¿cada espina clavada, cada golpe recibido, cada insulto y cada traición?, ¿podrías ahora mismo nombrar a cada persona que te  provocó dolor a lo largo de la vida?”

Discípulo: “Claro que podría recordar a quienes me causaron dolor y en el modo en que lo hicieron. No significa que no haya perdonado algunas cosas pero, no lo he olvidado.”

Maestro: “Desde que respiramos la primera bocanada de aire al nacer sentimos dolor. El dolor de dejar el cálido ambiente que nos protegió al principio para enfrentar la fría, desconocida y amenazante vida. El dolor de sentir hambre y soledad al separarnos de nuestra madre. El dolor del primer rasguño que nos provocamos nosotros mismos sin saberlo. El dolor del golpe en aquella primera caída cuando aprendíamos a caminar. El dolor de la quemadura en la boca por no saber que la comida caliente puede lastimar. Sufrimos todo eso, ¿puedes recordarlo?”

Discípulo: “No, por supuesto que no. Pero eso no es lo mismo que el dolor que experimentamos más adelante en la vida. Recordamos lo que más nos lastimó...

Maestro: “Es posible, pero, ¿no somos nosotros mismos quienes decidimos los recuerdos que guardamos?”

Discípulo: “Si, claro”

Maestro: “Entonces también podemos decidir olvidar aquello que nos provocó dolor.” 


OCHO

Maestro: Veo que estás muy pensativo esta tarde. Perdona que interrumpa tu meditación, pero me parece que hay algo que te preocupa, mi querido discípulo.

Discípulo: No te equivocas, Maestro. He estado pensando en lo que sucedió ayer en la aldea. Un grupo de hombres estuvieron discutiendo en la calle, después de unos momentos empezaron a insultarse y terminaron peleando a golpes. Fue muy impresionante.

Maestro: Siempre es lamentable presenciar una pelea. Pero, ¿qué es lo piensas de eso?

Discípulo: Bueno, no sé por qué empezaron a discutir aquellos hombres pero no creo que haya valido la pena llegar a la violencia. ¿No opinas lo mismo?

Maestro: La violencia nunca será la solución a ningún problema. Ahora bien, la lucha de un hombre es tan individual como sus razones. ¿Por qué razones estarías dispuesto a luchar tú?

Discípulo: Pero ¿no acabas de decir que la violencia no es la solución a ningún problema?

Maestro: Si, pero no todas las luchas implican violencia.


SIETE

Discípulo: Maestro, he pensado mucho en la lección de hoy acerca de enfocarnos en el presente. Y algo que no entiendo es que debemos olvidar el pasado. ¿Tú nunca piensas en lo que has hecho?

Maestro: Bueno, sin duda he tenido una larga vida y tengo muchos recuerdos.

Discípulo: Entonces si tú mismo no has olvidado tu pasado. ¿Por qué dices que debemos enfocarnos en el presente?

Maestro: Detengámonos un momento. Ahora demos la vuelta y observemos las huellas que hemos dejado en el sendero de arena mientras caminábamos. ¿Puedes regresar por este camino poniendo tus pies exactamente en el mismo lugar en el que dejaste tus huellas sin mover un solo grano de arena?

Discípulo: Bien sabes que eso es imposible. Si quisiera caminar sobre mis propias huellas tendría que mover la arena del sendero.

Maestro: Es verdad. Ahora miremos nuevamente el sendero que aún no hemos recorrido. ¿Puedes ver tus huellas sobre la arena?

Discípulo: ¿Cómo podría ver mis huellas si, como tú has dicho, aún no hemos caminado por esa parte del sendero?

Maestro: Exactamente. Ahora dime mi querido discípulo: ¿cuánto tiempo ha pasado mientras estabas detenido viendo un sendero que ya no podías recorrer y otro que aún no has recorrido?


SEIS

Discípulo: Maestro, ayer nos dijiste que la fortaleza de nuestro grupo sólo será plena si nos unimos todos: débiles y fuertes. Pero yo creo que la fortaleza del grupo debe ser la suma de las fortalezas individuales.

Maestro: Bien, vamos a meditar un poco en eso mientras caminamos. ¿Podrías pasarme mi bastón de bambú, por favor? Me gusta este bastón. Me lo regaló un viejo amigo y ha estado conmigo por mucho tiempo. Es fuerte y ligero. Pero mira cómo se ha agrietado en la base tras años de apoyarme en él.

Discípulo: Entiendo lo que quieres decir. El bambú es fuerte pero también puede ser débil, ¿no es cierto?

Maestro: Si, así es. Ahora, ¿qué opinas de esta brizna de hierba seca?

Discípulo: Evidentemente no es tan fuerte como el bambú…

Maestro: Es verdad, sólo bastan mis dedos para romperla. Pero, ¿qué pasaría si unimos suficientes tallos de hierba para hacerlos tan fuertes como el bambú?

Discípulo: ¿Entonces la fortaleza de un grupo es la suma de las debilidades individuales?

Maestro: No he dicho eso exactamente. ¿Has observado cómo construyen los aldeanos sus chozas? Sobre un armazón de bambú colocan haces de hierba atados entre sí. Nunca subestimes la debilidad ni sobreestimes la fortaleza mi querido discípulo.


CINCO

Discípulo: Maestro, yo siempre escucho gente que dice que el optimismo es esencial para la vida. Pero, creo que no es posible ver todo con optimismo siempre. ¿Tu qué opinas?

Maestro: Vamos a dar un paseo por el jardín mientras pienso en esto. Ahora, mi querido discípulo mira a tu alrededor y dime: ¿qué ves?

Discípulo: Bueno, veo nieve por todas partes. Dado que es una tarde nublada, veo todo gris y un poco oscuro ...

Maestro: Déjame decirte lo que veo. Bajo la nieve veo el jardín. Puedo ver las mariposas, puedo oír el canto de los pájaros y hasta puedo oler las flores y sentir la hierba bajo mis sandalias. Ahora, estoy siendo optimista o es sólo que sé que el invierno terminará algún día y la primavera vendrá como ha sucedido desde el principio de los tiempos?

Discípulo: Entonces, ¿estás diciendo que el optimismo es posible sólo si sabes lo que va a pasar?

Maestro: Estoy diciendo que, de hecho, el jardín está ahí, no importa si es invierno o primavera. Depende de ti ver bajo la nieve, mi querido discípulo.


CUATRO

Discípulo: Maestro, esta mañana vi a una anciana muy pobre pidiendo dinero en la calle. Busqué algunas monedas en mi bolsillo para dárselas pero no tenía ninguna y eso me hizo sentirme muy mal.

Maestro: ¿Por qué te sentiste mal?

Discípulo: Porque quería ayudarla y no pude hacerlo.

Maestro: Conozco a la anciana que viste. Vive cerca del monasterio y con frecuencia viene a recoger las sobras de la comida. Si quieres puedo indicarte donde vive. Tal vez en tu tiempo libre puedas ir a ayudarle preparando su comida, limpiando su choza o simplemente pasando tiempo con ella.

Discípulo: Yo quisiera hacerlo, pero con mis estudios y las obligaciones en el monasterio casi no me queda tiempo.

Maestro: Entonces mi querido discípulo, tal vez deberías buscar en tu bolsillo algo más que monedas.


TRES

Discipulo: Maestro, ¿cómo te gustaría ser recordado después de morir?.

Maestro: Lo que yo quiera respecto a eso no importa. Verás mi querido discípulo, la forma en que la gente me recuerde es su prerrogativa. La forma en que yo recuerdo mi vida es la mía.


DOS

Discípulo: Maestro, ¿le tienes miedo a la muerte?.

Maestro: Yo?, no. No quiero morir, como supongo no lo quieren todos los demás. Y tú, mi querido discípulo, ¿le tienes miedo a tu final?.

Discípulo: No sé. No sé qué hay después de la muerte.

Maestro: Esa es una buena razón para no tener miedo, no crees?. Además, ya descubrirás que es el camino lo que importa, no el final.


UNO

Discípulo: Maestro, quiero saber. Por favor, enséñame.

Maestro: Sé humilde, entonces aprenderás.

Discípulo: ¿Qué voy a aprender?

Maestro: Aprenderás a ser humilde, mi querido discípulo.

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